Esta ermita se encuentra en su ubicación original al no ser inundada por la construcción del embalse de Belesar y era la capilla del antiguo barrio de San Nicolás de Portomarín.
Está dedicada a San Roque, protector de los peregrinos y de los enfermos, y es un punto de devoción, descanso y recogimiento para quienes recorren la ruta jacobea.
Su permanencia en el paisaje original, en contraste con otros edificios trasladados piedra a piedra al nuevo Portomarín, la convierte en un símbolo de continuidad espiritual y patrimonial.