En uno de los caminos que unen la capilla de San Benito de Cova do Lobo con el penedo do Tangaraño se encuentra una pequeña roca que tiene grabada una cruz. Esta cruz, formada por dos surcos de unos 16 cm de largo, cruzados en ángulo recto, con un ancho de unos 2,5 cm y una profundidad de 2 cm, no parece señalar ningún límite entre municipios o parroquias actuales. Su significado podría estar relacionado con antiguos ritos paganos en torno al penedo o con la delimitación de algún antiguo territorio, lo que la convierte en un interesante vestigio del pasado de la zona
En el trayecto que conecta la capilla de San Benito de Cova do Lobo con el penedo do Tangaraño se localiza una pequeña peneda con una cruz incisa, compuesta por dos surcos de aproximadamente 16 cm de longitud, cruzados a 90°, con un ancho de 2,5 cm y una profundidad de 2 cm. La ausencia de función como hito divisorio en la actualidad descarta su uso como linde territorial, sugiriendo interpretaciones vinculadas a prácticas rituales de raíz pagana o a la delimitación simbólica de antiguos coutos. Este tipo de grabados, frecuentes en contextos galaico-romanos y medievales, pueden estar asociados tanto a procesos de cristianización de lugares sacros preexistentes como a marcas de protección o consagración de espacios de culto y tránsito
En un caminito que va desde la capilla de San Benito de Cova do Lobo hasta una gran roca llamada penedo do Tangaraño, hay una piedra pequeña con una cruz grabada. Esta cruz está hecha con dos líneas profundas, como si alguien las hubiera dibujado hace mucho tiempo. No marca la frontera de ningún pueblo actual, pero tal vez, hace años, la gente la usaba en fiestas o rituales antiguos, o para señalar un lugar especial. Es una señal misteriosa que nos ayuda a imaginar cómo vivían y pensaban las personas de antes