Sobre este patrimonio
Entre Caminha y A Guarda, el cruce del Miño en barca mantiene una de las leyendas más singulares del Camino: los peregrinos debían guardar silencio para no atraer a las feiticeiras del río, espíritus que vivían en sus aguas. Para lograrlo, muchos llevaban una piedra en la boca durante la travesía, símbolo de prudencia y respeto. Hoy, aunque el río se cruza en modernas embarcaciones, la tradición revive en la memoria colectiva como un puente entre historia, mito y espiritualidad jacobea.
Esta tradición está recogida en el folclore gallego y portugués, mencionada en estudios etnográficos y en recopilaciones de leyendas sobre el río Miño. Este rito que no era exclusivo del Camino, al coincidir con un punto de paso de peregrinos, se asoció también a su tránsito hacia Compostela con el Camino de Santiago.