Sobre este patrimonio
El Castro de A Forca es un lugar que nos transporta al corazón de la Edad del Hierro.
Hacia el siglo IV antes de Cristo, las comunidades castrexas levantaron este pequeño poblado fortificado al inicio de la subida al monte Santa Trega. Su función era doble: residencial y defensiva, un refugio seguro para sus habitantes.
Al caminar por el yacimiento, aún podemos apreciar restos de dos viviendas con patios empedrados, y casas de planta circular y rectangular asentadas directamente sobre la roca. Cada detalle nos habla de la vida cotidiana de estas gentes, de su ingenio y adaptación al terreno.
A diferencia de otros castros cercanos, la huella romana aquí es muy escasa, lo que nos permite imaginar el lugar tal como lo conocieron sus primeros habitantes.
Se estima que el Castro de A Forca estuvo ocupado durante aproximadamente dos siglos y fue abandonado en paz. Probablemente, sus habitantes se trasladaron al gran castro de Santa Trega, continuando así su historia en otro enclave vecino.
Hoy, recorrer estas piedras nos conecta con aquellos antiguos pobladores, invitándonos a imaginar cómo vivían, trabajaban y defendían su hogar hace más de dos mil años.