Este antiguo monasterio, citado en el siglo XIII como donación de Doña Urraca Fernández, podría tener un origen alto medieval.
Su mayor singularidad reside en la adaptación arquitectónica al terreno, con una cripta estructural que sostiene el templo, similar a soluciones empleadas en obras como el Pórtico de la Gloria.
El edificio presenta una nave con cuatro tramos, bóveda de medio cañón con nervaduras, un ábside semicircular y dos óculos de tracería. Al exterior, destaca su portada con arcos ciegos, motivos geométricos y vegetales, y una arquivolta esculpida con siete personajes simbólicos.
Las mochetas muestran la lucha entre el bien y el mal: un ángel con cartela y un demonio. Conserva además una interesante imagen de la Virgen con el Niño y un grupo escultórico de la Epifanía, ambos redescubiertos durante restauraciones recientes. Su pila bautismal románica, decorada con motivos geométricos, refuerza el valor patrimonial de esta iglesia plenamente integrada en el paisaje de la Ribeira Sacra.