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Pueblo Viejo de Mequinenza

La antigua Mequinenza, conocida ahora como el Pueblo Viejo de Mequinenza, estaba situada junto al Ebro y en la confluencia de éste con el Segre y el Cinca, bajo la atenta mirada de su Castillo. A mediados del siglo XX fue derribada y sepultada bajo las aguas del río que la había visto nacer a causa de la construcción del embalse de Ribarroja. Las calles y las casas de aquella milenaria Mequinenza se han recuperado y ahora puedes volver a revivir la memoria colectiva de todos aquellos que la habitaron.
Urbano
En el recuerdo y corazón de los mequinenzanos aún pervive el lazo con ‘lo poble’, aquel que hasta la construcción del embalse de Riba Roja fue su casa, y que tuvieron que abandonar e irse al pueblo nuevo, el cual hasta el día de hoy y en el futuro será el nuevo abrigo de su historia. Parte de su patrimonio cultural, el pueblo viejo es uno de los elementos identitarios de Mequinenza, un pueblo marcado por los cambios como las aguas de los ríos a los que está atado.
Mequinenza tiene una larga historia que se remonta a la época romana, cuando era un importante enclave debido a su ubicación estratégica en la confluencia de los ríos Ebro, Segre y Cinca. Durante la Edad Media, el pueblo fue un importante centro defensivo y comercial, especialmente bajo la influencia musulmana y, posteriormente, bajo el control cristiano tras la Reconquista. En el siglo XX, Mequinenza se había desarrollado como un importante centro minero, con una economía basada en la extracción de lignito y en la agricultura. Sin embargo, en la década de 1960, el gobierno español aprobó la construcción del embalse de Riba-roja, lo que implicaba la inundación del valle donde se encontraba el pueblo. En 1966, los habitantes del viejo Mequinenza fueron trasladados a un nuevo emplazamiento, conocido hoy como el Nuevo Mequinenza, construido en una ubicación más alta y segura. El Pueblo Viejo fue abandonado y gradualmente sumergido bajo las aguas del embalse.
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