El entorno del pantalán de San Bartolomeo se caracteriza por la presencia del río Miño y los bancales cubiertos de viñedos que tapizan las laderas de las montañas. Este paisaje vitícola no solo ofrece una belleza escénica excepcional, sino que también refleja el esfuerzo y la tradición asociados al cultivo y la vendimia de la uva. Durante la recolección, se evidencian las dificultades del transporte en pendiente, resueltas en parte por las vías instaladas en las laderas, utilizadas para bajar las uvas al río, desde donde se transportan más cómodamente a las bodegas para su elaboración. El conjunto formado por la iglesia de San Bartolomeo y el puente que une las dos orillas del río aporta un valor patrimonial y paisajístico singular a este enclave.