Los viñedos que rodean el río Miño aportan una gran profundidad visual al paisaje, permitiendo contemplar ambas orillas. Los bancales y las vías de transporte de uvas se integran con el antiguo embarcadero, que en su momento facilitaba la comunicación mediante barcas típicas de la zona. Algunas de estas embarcaciones han sido recuperadas y conservadas; eran planas, con remos largos, diseñadas para el traslado de animales, mercancías, personas, etc.
La aldea cercana conserva una parte significativa de la arquitectura tradicional, con construcciones adaptadas para protegerse de los vientos predominantes de la zona.