La ciudad de Vigo, a lo largo de su historia, ha ido integrando en su identidad el metal". Con el nacimiento y desarrollo de su industria durante los siglos XVIII y XIX, se fueron conformando los cimientos de lo que hoy es, una de las urbes más importantes y de referencia en el sector naval, en la península ibérica.La época romana y sus colonizadores, a su paso por la ciudad olívica, dejaron su impronta con determinadas innovaciones aplicadas para la conservación del pescado. Fue el caso de las fábricas de salazón, conformando en nuestra ciudad lo que sería la más importante fuente de actividad económica: el mar. Ya con el despegue de la industria conservera, así como la llegada de Citröen a la ciudad en los años 50, terminó de dibujarse el perfil industrial de Vigo y motor de Galicia.El origen de la industria naval viguesa, encuentra su despunte con la llegada de los catalanes a Galicia que, en la segunda mitad del S. XIX, lograron recuperar la cultura romana de la salazón (abandonada siglos atrás), integrando nuevas artes de pesca y embarcaciones. Ideólogos del cambio de las barcas de remo a los "sardineros", los primeros barcos construidos en Barreras -uno de los astilleros de referencia en la ciudad-. Contaban con motores de vapor importados desde Inglaterra, convirtiéndose después en precursores del modelo "Vapor tipo Vigo" que, supuso una revolución para el sector pesquero en la ciudad.Hoy, Vigo destaca por su potente industria naval que, bebe de la apertura al Atlántico y su riqueza. Ha marcado el carácter de la ciudad y sus gentes, definiendo su perfil como innovador, abierto y trabajador. El puerto de Vigo es un punto internacional de comercio y transporte, aspecto que ha favorecido el desarrollo de los astilleros, operando en la ciudad cerca de una quincena de ellos, y dando servicio a cuentas internacionales como es el caso de Astilleros Barreras, con los buques crucero que construyen para Ritz Carlton."
La historia industrial de Vigo encuentra sus orígenes en los siglos XVIII y XIX, momento en el que fueron llegando a las Rías Baixas y de forma masiva, emigrantes catalanes procedentes en su mayor parte de la Costa Brava. Emprendedores que encontraban en la apertura al Atlántico, una importante fuente de beneficios gracias a la abundancia de la sardina que ofrecían las costas de Galicia.En esa época, los pescadores locales del pequeño puerto de Vigo, utilizaban artes de pesca de escaso rendimiento y supervivencia, comerciando con los productos obtenidos del mar en el Mercado de O Berbés. Este emplazamiento encontraba su repunte de actividad durante algunas épocas del año en las que arrieros llegados del interior, arribaban en la procura de pulpo y otras especies secas y saladas.Los catalanes eran llamados fomentadores" por sus conciudadanos locales, y traían novedades referentes a embarcaciones y artes de pesca. Fue el caso de la "xábega", red de arrastre de origen árabe con copo, de entre 300 y 600 metros que, necesitaba ser remolcada por embarcaciones más grandes de las que en Vigo existían. Es por ello que echaban mano de bueyes, carros, hombres y niños, para recoger el cerco desde tierra. Fueron también los catalanes los que recuperaron el arte de la salazón, o conservación del pescado en salmuera
técnica centenaria que ya recogían los vestigios arqueológicos de la civilización romana en la ciudad, siendo una actividad abandonada siglos atrás. Comenzaron a instalar sus plantas de producción en el barrio extramuros de El Arenal, conocido posteriormente como "Barrio de los catalanes".En los últimos años del s. XIX, comenzaron a sustituir las embarcaciones a remo o "gamelas" por los llamados "sardineros"